Ante un escenario de catástrofe ⏤como los terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 que el 24 de junio de 2026 azotaron varias regiones de Venezuela, particularmente el estado La Guaira y el Distrito Capital⏤, la asistencia alimentaria es reorientada. En esos casos, la prioridad pasa a ser la supervivencia y la atención de la desnutrición preexistente o la que se desarrolle durante el desastre, por lo que se anteponen las calorías a corto plazo a la dieta saludable a largo plazo, que debe caracterizarse por diversidad, idoneidad, moderación y equilibrio. “Esa ración de alimentos debe ser lo más simple posible: un alimento básico (por ejemplo, arroz, maíz, harina de trigo), una fuente ‘concentrada’ de energía (aceite u otra grasa) y una fuente ‘concentrada’ de proteína (como las carnes secas o enlatadas)”, señala la doctora María Soledad Tapia, Individuo de Número (Sillón XIII) de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela (@acfimanve). Aunque no califique como “saludable”, dicha ración de emergencia debe ser segura, es decir, inocua. El riesgo de las enfermedades transmitidas por alimentos aumenta después de un terremoto. Para leer la nota completa pulse aquí Fuente: ACFIMAN Navegación de entradas La desinformación no es un juego: en momentos de crisis, puede costar vidas ¿Cómo proteger a los niños ante desastres naturales?