El comunicado de la Real Academia Sueca de Ciencias otorgó el Premio Nobel de Química 2026 al francés Henri B. Kagan y al japonés Kenso Soai por «el descubrimiento de los efectos no lineales y la autocatálisis en la síntesis orgánica asimétrica». Este premio fue otorgado por sus investigaciones pioneras sobre la homoquiralidad y el desarrollo de la catálisis asimétrica (y efectos no lineales). La homoquiralidad es una característica fundamental y distintiva de la vida y consiste en la preferencia casi absoluta de los organismos vivos por utilizar una sola de las dos versiones geométricas (o imágenes especulares no superponibles, enantiómeros) de las moléculas quirales. Mientras que las reacciones químicas ordinarias producen mezclas más o menos equitativas de ambas formas, la biología funciona con una asimetría estricta. Por ejemplo, los seres vivos utilizan exclusivamente aminoácidos que tienen la forma L (Levógira) para construir proteínas y los azúcares adoptan exclusivamente una sola variante geométrica, forma D (Dextrógira) para estructurar el ARN y el ADN. Ilustremos con un ejemplo la relevancia de lo expuesto anteriormente con el caso de la talidomida, tal vez el ejemplo histórico más trágico, famoso e impactante sobre la importancia de la quiralidad en la medicina. Ocurrió entre finales de la década de 1950 y principios de la de 1960. La talidomida es una molécula quiral que existe en dos formas geométricas o enantiómeros. El problema radicó en que cada una de estas formas interactuaba de manera radicalmente opuesta en el cuerpo humano: el enantiómero (R)-talidomida: es un sedante y tranquilizante altamente efectivo. Era excelente para eliminar las náuseas matutinas en las mujeres embarazadas. El enantiómero (S)-talidomida: es un potente agente teratógeno. Causa malformaciones congénitas graves en el desarrollo del feto, interfiriendo directamente en el crecimiento de los vasos sanguíneos de las extremidades. Este fármaco se vendió de forma masiva en más de 40 países. Como consecuencia, más de 10.000 niños en todo el mundo nacieron con focomelia, una condición médica en la que los brazos o las piernas no se desarrollan y quedan reducidos a pequeños miembros similares a aletas. Muchos otros bebés no sobrevivieron al nacimiento. La necesidad de obtener compuestos quirales impulsó el estudio de lo que se conoce como síntesis asimétrica, pero aún, en los años setenta su desarrollo era escaso. Una síntesis asimétrica es aquella diseñada específicamente para producir una sola de las dos versiones geométricas y descartar la otra, algo vital porque nuestro cuerpo reacciona de forma totalmente distinta ante cada una. Aunque durante mucho tiempo, el origen de la asimetría en la naturaleza fue un gran misterio, Kagan y Soai, demostraron cómo esta asimetría pudo originarse y amplificarse espontáneamente en la naturaleza mediante la autocatálisis asimétrica. Los aportes clave de cada galardonado Henri B. Kagan (Los efectos no lineales): En la década de 1980, Kagan descubrió los llamados efectos no lineales en la catálisis asimétrica. Demostró que, bajo ciertas condiciones, utilizar un catalizador que no era 100% puro (es decir, una mezcla desbalanceada de ambas formas especulares) podía producir de manera sorpresiva un producto final con un desequilibrio o pureza quiral muchísimo mayor al esperado. Esto cambió por completo la forma en que los químicos entienden la amplificación de la asimetría. Kenso Soai (La autocatálisis asimétrica): en 1995, Soai dio el siguiente gran salto al descubrir una reacción química de autocatálisis asimétrica. Diseñó un sistema químico donde una molécula es capaz de autoreplicarse y, al mismo tiempo, amplificar masivamente su propia asimetría partiendo de un desequilibrio microscópico casi imperceptible. Fue la primera vez que se logró en un laboratorio algo similar al proceso de amplificación que pudo haber ocurrido en los albores de la vida. ¿Por qué es tan importante para nosotros? Más allá de resolver un enigma biológico fundamental sobre el origen de la vida, los descubrimientos de Kagan y Soai son pilares de la industria farmacéutica moderna. Más allá de la medicina, el control de la asimetría molecular impulsado por estos hallazgos es vital en otros sectores tecnológicos: Agroquímicos: Permite fabricar pesticidas y herbicidas más selectivos y ecológicos, reduciendo la cantidad de químicos innecesarios que se liberan al medio ambiente. Ciencia de materiales y aromas: es fundamental para sintetizar polímeros avanzados, cristales líquidos, componentes electrónicos orgánicos y fragancias complejas donde el olor o las propiedades ópticas dependen enteramente de la orientación de sus moléculas Escrito por Prof. Gustavo Cabrera Escuela de Química, UCV Navegación de entradas Francis Halzen y el IceCube, premio Nobel de Física 2026